Fotografía: Erick Perales
Entre rezos, gritos y el sonido seco de los azotes, el barrio de El Arbolito volvió a tomar sus calles este Viernes Santo con la edición 57 de su viacrucis, una representación marcada por la ausencia de su creador, Enrique Pichardo, fallecido en enero de este año, y por un homenaje que detuvo por momentos el recorrido.
La procesión partió desde la Casa de la Cultura y avanzó entre multitudes y altas temperaturas, siguiendo cada estación del camino.
En el trayecto, las escenas de la condena y los castigos provocaron reacciones entre los asistentes; incluso, un niño gritó “ya no le peguen, ya no le peguen”, al presenciar los azotes a Jesús.
El recorrido atravesó siete minas representativas de la zona, con mayor presencia de fieles en puntos como la iglesia de la Asunción, el mercado Benito Juárez y la mina de Loreto, donde la gente acompañó de cerca cada caída, cada encuentro y cada momento de la representación.
Antes de la quinta y sexta estación, el viacrucis se detuvo en un momento cargado de memoria. La familia de Pichardo, encabezada por su nieto Salvador (quien interpretó a Jesús) y su hijo Enrique Pichardo, formaron una guardia de honor, entre voces entrecortadas y la lectura de pasajes bíblicos de su nieta Cony Pichardo, el homenaje rompió la representación para dar paso al recuerdo de quien dio origen a esta tradición.
El viacrusis mantuvo elementos propios como el “Cristo Minero”, una de las escenas más simbólicas, en la que tras la primera caída, un trabajador de la mina San Juan salió al paso, tomó la cruz y, bajo la mirada de los asistentes, asumió el peso y los golpes, como símbolo de la fe de los mineros.
El recorrido concluyó en el cerro del Cuixi con la crucifixión, minutos antes, personal de Protección Civil y Seguridad Pública intervino para asistir al actor principal, afectado por el desgaste físico y el calor acumulado durante el trayecto.
KNM