Fotografía: Karen Aicitel 

A 109 años de su nacimiento, el legado de Rodolfo Guzmán Huerta, mejor conocido como El Santo, “El Enmascarado de Plata”, continúa presente en Tulancingo, ciudad que vio nacer al máximo ídolo de la lucha libre mexicana y que mantiene viva su memoria a través de su historia, sus espacios culturales y la actividad de nuevas generaciones de gladiadores.

Como parte de las actividades conmemorativas por el aniversario del natalicio del luchador tulancinguense, El Hijo del Santo visitó la ciudad para realizar la entrega de diversas piezas que serán incorporadas a la exhibición dedicada a su padre en el museo municipal.

Durante su visita, destacó el valor de que Tulancingo continúe recordando la trayectoria de El Santo y agradeció que su historia permanezca al alcance de las nuevas generaciones mediante piezas representativas de su carrera en el pancracio, así como materiales relacionados con sus películas, cómics, máscaras, arte y otros elementos que forman parte del imaginario construido alrededor del personaje.

La visita también dejó una huella en el patrimonio municipal, pues El Hijo del Santo firmó autógrafos que ahora forman parte del acervo de la ciudad.

Las actividades incluyeron una guardia de honor frente al monumento de El Santo, “El Enmascarado de Plata”, donde El Hijo del Santo y la presidenta municipal, Lorena García, acompañados por autoridades y luchadores del municipio, participaron en la colocación de una ofrenda floral.

El acto estuvo acompañado por un minuto de aplausos en memoria del ídolo tulancinguense, en una ceremonia que reunió a representantes del gobierno municipal y exponentes de la lucha libre local.

En ese contexto destaca la actividad que, desde hace un año, se desarrolla en la Arena Azteca, espacio ubicado en la colonia Guadalupe y vinculado con la Dinastía Crazy, una de las familias con trayectoria dentro de la lucha libre de Tulancingo.

Desde su apertura, el recinto se ha convertido en un punto de encuentro para aficionados y familias de distintos sectores de la ciudad, con funciones que recuperan elementos tradicionales del espectáculo luchístico y que llevan esta disciplina a los barrios populares.

Sobre su lona convergen trabajadores, comerciantes, amas de casa, mecánicos, albañiles, artistas urbanos y familias que encuentran en la lucha libre no solamente un espectáculo, sino también una expresión de identidad y convivencia comunitaria.

La actividad de la Arena Azteca forma parte de una tradición que se mantiene vigente en una ciudad que históricamente ha dado origen a luchadores y que es reconocida como “Cuna de la Lucha Libre”.

La galería reúne parte de esas imágenes y muestra desde diferentes perspectivas la evolución de este proyecto, así como la presencia de luchadores locales y aficionados que mantienen viva la pasión por el pancracio.