Fotografía: Erick Perales

 

Entre el murmullo de las oraciones y el sonido tenue de las campanas marcaron el inicio de la jornada en la iglesia de La Villita, en Pachuca, donde a temprana hora comenzaron a llegar familias enteras para participar en el Miércoles de Ceniza, una de las celebraciones más significativas para la comunidad católica.

Con paso pausado, adultos mayores, jóvenes y niños formaron largas filas que avanzaban lentamente hasta el altar, donde el sacerdote colocaba la ceniza sobre la frente de cada fiel, dibujando una cruz que simboliza la fragilidad humana y la necesidad de conversión.

Algunos llegaban en silencio; otros, en compañía de familiares, compartían palabras de aliento o gestos de afecto.

La escena se repitió a lo largo de la mañana: manos entrelazadas, miradas reflexivas y rostros marcados por la ceniza.

Para muchos, más que una tradición, se trata de un momento íntimo de introspección: “Polvo eres y en polvo te convertirás”, recordó el sacerdote durante la homilía, invitando a los presentes a mirar hacia su interior.

Durante la celebración, se hizo un llamado a vivir la Cuaresma más allá de los ritos; se enfatizó que el ayuno no solo implica abstenerse de alimentos, sino también de palabras que hieren.

En tiempos de redes sociales, se dijo, una expresión negativa puede impactar profundamente la dignidad de las personas.

El mensaje resonó entre los asistentes, quienes, al salir del templo, llevaban consigo no solo la marca visible de la ceniza, sino también la invitación a transformar sus acciones cotidianas.

Para muchos, este día representa el inicio de un camino de 40 días hacia la Semana Santa, centrado en la oración, la caridad y la reconciliación.

Así, entre rezos, silencios y encuentros, la jornada avanzó recordando que, más allá de la rutina, siempre hay espacio para la reflexión y el cambio.

 

KNM