Fotografía: Especial

 

El reclutamiento de niñas, niños y adolescentes por parte de grupos delictivos en México ha experimentado una transición hacia entornos digitales, donde plataformas como redes sociales y videojuegos en línea funcionan como espacios de captación mediante estrategias de persuasión, simulación de oportunidades laborales y construcción de vínculos de confianza.

De acuerdo con el investigador Irán Guerrero Andrade, este fenómeno responde a variables estructurales y psicosociales que incrementan la vulnerabilidad de las infancias, como la precariedad económica, la fragmentación del entorno familiar y la búsqueda de reconocimiento social. 

Estos factores inciden en la toma de decisiones en etapas tempranas del desarrollo, donde la capacidad crítica aún se encuentra en formación.

El especialista de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) señaló que la limitada disponibilidad de capital social y educativo en ciertos contextos dificulta la construcción de proyectos de vida alternativos, lo que favorece la incorporación de menores a estructuras criminales en roles operativos.

Desde una perspectiva de derechos humanos, el reclutamiento debe considerarse forzado en todos los casos, dado que las personas menores de edad no cuentan con plena capacidad jurídica ni condiciones cognitivas para consentir de manera informada. 

Esta condición los expone a entornos de alta violencia, con efectos severos en su desarrollo neurológico, emocional y social.

El análisis académico coincide en que la prevención requiere un enfoque integral basado en políticas públicas que fortalezcan el acceso a educación, cohesión social y entornos digitales seguros. 

Asimismo, se plantea la necesidad de estrategias interinstitucionales que atiendan el fenómeno desde la evidencia científica y la protección integral de la infancia.

 

FMS