Fotografía: Karen Aicitel

 

Al menos en un 50% redujo la producción y por tanto las ganancias por la siembra y venta de flor de cempasúchil en el campo de Metepec, municipio de la Sierra Otomí Tepehua.

Así lo detalló Sergio Guzmán, integrante de El Rosal Invernadero y Florería, familia que fue la primera en esta región del estado en detonar la producción de cempasúchil para generación de ingresos en la temporada de Día de Muertos.

Y es que detrás de cada flor de cempasúchil hay meses de trabajo e inversión de familias productoras de la región Otomí-Tepehua, que esperan aprovechar la temporada para recuperar parte de los recursos destinados a su cultivo.

Sin embargo, este año la reducción derivada de las condiciones climáticas también repercutió en los ingresos que tenían previstos.

En la Estación de Apulco, localidad de la región, así como en Agua Blanca, los productores se prepararon desde meses atrás para que sus parcelas se pintaran de naranja y abastecer la demanda de quienes buscan la flor para colocar ofrendas y adornar los altares.

Parte de la cosecha se comercializa en Tulancingo, además de otros puntos de Hidalgo y Veracruz, como Huasca de Ocampo, Huayacocotla y Atixtaco.

No obstante, el retraso de las lluvias durante las primeras etapas del cultivo afectó el desarrollo de las plantas. Aunque los productores recurrieron al riego para mantenerlas, la floración no alcanzó el volumen esperado y algunas parcelas presentaron flores de menor tamaño.

Sergio Guzmán explicó que su familia comenzó a cultivar cempasúchil en la zona hace siete años, una actividad que con el tiempo también ha involucrado a otros productores de la región.

Para ellos, cada temporada representa la oportunidad de recuperar los gastos de preparación del terreno, compra de semillas, fertilizantes, riego y pago de jornales.

En una hectárea de cultivo, la inversión contempla tanto el trabajo de quienes participan en la siembra como el mantenimiento de las plantas durante su crecimiento.

En el caso de Guzmán, el gasto puede rondar los 30 mil pesos, sin considerar todos los costos que pueden acumularse en el proceso. A ello se suman las labores de cosecha, que requieren nuevamente de trabajadores para cortar, amarrar y preparar la flor antes de su traslado.

En una temporada favorable, la producción de una hectárea puede representar ingresos cercanos a los 80 mil pesos por la venta de la cosecha.

Este año, sin embargo, la reducción estimada de 50 por ciento modificó las expectativas, pues una parte de la flor no alcanzó el desarrollo habitual y los compradores han encontrado parcelas con menor volumen disponible.

La comercialización también implica decisiones para evitar que el producto se quede en el campo.

Una de las opciones es vender la flor ya cortada y acomodada en maletas o manojos; otra consiste en ofrecer los surcos completos para que el comprador realice el corte y se lleve la cosecha.

De acuerdo con Guzmán, cuando la planta se desarrolla adecuadamente, un surco puede venderse entre dos mil y dos mil 500 pesos.

En esta ocasión, debido al menor crecimiento de las flores, tuvo que ofrecer algunos en alrededor de mil pesos, prácticamente la mitad de lo que esperaba obtener en condiciones favorables.

Para los productores, aceptar un precio menor representa una alternativa frente a la posibilidad de perder la cosecha que no logren vender.

La flor que permanece en el terreno y ya no se comercializa para las ofrendas termina por incorporarse nuevamente a la tierra, sin que necesariamente exista otro mercado que permita recuperar el dinero invertido.

La experiencia de años anteriores también ha mostrado los riesgos de esta actividad. En Agua Blanca, las heladas y las lluvias intensas han llegado a afectar parcelas enteras, mientras que en Apulco los productores han tenido que ajustar el riego y observar el comportamiento de las plantas para enfrentar las variaciones del clima.

Ahora, con la temporada de Día de Muertos en marcha, las familias mantienen la expectativa de colocar la mayor cantidad posible de cempasúchil.

La venta de estos días representa la oportunidad de recuperar lo invertido durante meses y obtener un ingreso por su trabajo, aunque la producción sea menor a la prevista.

Mientras la flor llega a los mercados y hogares de la región, detrás de cada manojo permanece el esfuerzo de quienes prepararon la tierra, sembraron, regaron y cuidaron las plantas con la expectativa de que al llegar octubre, el color naranja también se convirtiera en sustento para las familias de Hidalgo.

Con información de Karen Aicitel

 

KNM