Fotografía: Especial 
El lavado excesivo y obsesivo de manos durante esta emergencia sanitaria puede ser peligroso, ya que en lugar de adquirir un hábito adecuado de protección, la piel de las manos podría estar más desprotegida y tener lesiones graves, por ello esta práctica debe realizarse ante determinados momentos a lo largo del día.
La investigadora de tiempo completo del Instituto de Ciencias de la Salud (Icsa) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), Gloria Solano Solano, explicó que los gérmenes que afectan las vías respiratorias se contagian generalmente a través de las manos, favoreciendo la propagación a otras personas.
Por ello, una de las formas más económicas e importantes para prevenir el contagio es lavarse las manos con agua y jabón, pues al hacerlo se disminuye la transmisión de gérmenes patógenos. Sin embargo, esta actividad debe limitarse a determinados momentos a lo largo del día para evitar lastimar la piel.
Pues caer en una conducta obsesiva puede llegar a ser tan contraproducente como no lavárselas, ya que la piel tiene lubricantes naturales en las capas más superficiales que tienen una función protectora y de aislante térmico; pero que con un lavado excesivo se elimina la flora bacteriana cutánea que ayuda a defendernos de otros patógenos extraños y agresivos
La investigadora afirmó que si nos lavamos con mucha frecuencia nos prevenimos contra los patógenos; pero también arrasamos con la flora cutánea, a la que no damos tiempo a regenerarse, lo que trae como consecuencia la pérdida de los beneficios de la defensa natural de nuestra piel al debilitarla de forma innecesaria, aumentando con ello el riesgo de infecciones.
Por este motivo subrayó que las manos deben lavarse con agua y jabón o con un desinfectante con un mínimo de alcohol del 60 por ciento, para ambos casos se debe frotar las manos por al menos 20 segundos para así cubrir toda la superficie.
De esta manera se recomienda lavarse las manos antes de comer o manipular alimentos, al tocar objetos potencialmente contaminados, después de sonarse la nariz, toser o estornudar, de visitar un espacio público con mucha afluencia, si se está en contacto con una persona enferma, de ir al baño o siempre que las manos estén visiblemente sucias.
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