Fotografía: Erick Perales
Entre lágrimas y con las fichas de búsqueda de sus seres queridos colocadas en las paredes de la Basílica Menor de Santa María de Guadalupe, conocida como La Villita, familias de personas desaparecidas participaron este domingo en una misa dedicada a quienes aún son buscados.
Durante la celebración, el arzobispo de Tulancingo, Óscar Roberto Domínguez Couttolenc, pidió encomendar a Dios a las víctimas de desaparición forzada y a sus familias, pero también llamó a no guardar silencio ante su dolor y a mantener el compromiso con la verdad, la justicia y la esperanza.
Tras la lectura del profeta Jeremías, quien relata una situación de angustia y las burlas que enfrenta, el arzobispo señaló que tener fe no significa estar libre de decepciones o sufrimiento.
Afirmó que, aun en caminos que parecen incomprensibles, la relación con Dios no se rompe y su presencia no significa que las familias hayan sido abandonadas.
“Han peregrinado por calles, cárceles, morgues, procuradurías; han aprendido a buscar porque la fe y el amor no les ha permitido abandonar a su ser querido”, expresó al referirse a madres, padres, esposos, amigos y demás familiares que continúan con la búsqueda.
En el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, Domínguez Couttolenc sostuvo que la fe tampoco permite normalizar el mal.
“Como discípulos no podemos tomar como normal la desaparición”, afirmó, y agregó que acompañar a las familias no significa pedirles paciencia, sino “cargar juntos su cruz como comunidad” para recordarles que no están solos.
En la misa también participó el párroco Marciano García Reyes, quien señaló que la presencia de Dios se manifiesta tanto en la felicidad como en los momentos de tristeza y dolor.
KNM