Fotografía: Erick Perales

 

Ante los casos de personas desaparecidas en la región de Tulancingo, y la preocupación por la inseguridad, la Iglesia católica prepara un proyecto de acompañamiento para sus familiares, quienes enfrentan un proceso de dolor e incertidumbre mientras buscan respuestas sobre el paradero de sus seres queridos.

Ixchel Nava Ortega, sacerdote de la parroquia de San Francisco de Asís, en Jaltepec, explicó que la Arquidiócesis de Tulancingo trabaja en esta iniciativa bajo la coordinación del padre Roberto López Medina, encargado de la Pastoral Social, en diálogo con el arzobispo Oscar Domínguez.

El propósito, indicó, no es resolver directamente la desaparición de una persona, sino acompañar a las familias durante el proceso que atraviesan.

“Ciertamente no vamos a solucionar su problema, pero vamos a caminar con ustedes, los vamos a acompañar”, expresó el sacerdote al explicar el sentido de esta labor pastoral.

De acuerdo con Nava Ortega, el proyecto contempla talleres y espacios de acompañamiento. Como parte de estas acciones, señaló que en la zona norte de Puebla ya se brinda atención a más de 30 familias, mientras que en la región de Pachuca el proyecto comenzó el pasado 30 de agosto.

La iniciativa responde a una indicación de la jerarquía eclesiástica para que los sacerdotes se acerquen a las familias que enfrentan la desaparición de algún integrante y les ofrezcan apoyo desde sus comunidades.

En la parroquia de Jaltepec, el acercamiento ha comenzado mediante la oración. El sacerdote señaló que algunas personas ya han acudido a solicitar apoyo espiritual por familiares desaparecidos.

Como parte de estas acciones, las oraciones de laudes, que se realizan diariamente a las 8:00 horas, se ofrecen también por las familias que atraviesan esta situación.

Sin embargo, reconoció que el grupo de Pastoral Social de su parroquia está integrado por apenas tres personas, por lo que considera necesario ampliar la organización para responder a las necesidades de la comunidad.

Mientras se define la estrategia general de la Arquidiócesis, cada parroquia deberá encontrar la manera de acercarse a las familias, con especial cuidado de su privacidad.

El sacerdote explicó que algunas de las personas que solicitan apoyo atraviesan situaciones delicadas, por lo que consideró importante no exponerlas públicamente ni divulgar sus historias sin considerar las consecuencias que ello podría tener.

Sobre el estado emocional de quienes buscan a un familiar, Nava Ortega señaló que no ha observado una etapa de resignación, sino un proceso inicial de asimilación, marcado por preguntas sobre lo ocurrido y por la falta de respuestas.

En su experiencia, actualmente acompaña a dos personas en estas circunstancias y procura ayudarlas a comprender que la desaparición de un familiar no es responsabilidad suya.

“Está mi hombro y vamos a caminar juntos”, resumió al describir la disposición de la Iglesia para permanecer cerca de quienes viven esta situación.

El sacerdote también comentó que percibe un incremento en la preocupación de la población por la violencia y la inseguridad. Según relató, durante sus conversaciones con feligreses ha identificado tres sentimientos recurrentes: miedo, incertidumbre y vulnerabilidad.

Explicó que algunas personas temen salir de sus casas, utilizar el transporte público o enviar a sus hijos a la escuela o a estudiar fuera de la ciudad, ante la preocupación de que puedan sufrir algún incidente y no regresar.

Esta situación, dijo, genera una sensación constante de inseguridad que afecta incluso a personas que cuentan con estabilidad económica, pero que experimentan un deterioro en su tranquilidad y bienestar emocional.

“Yo mando a mi hijo a la escuela, pero no sé si va a regresar”, relató el sacerdote.

En el caso de quienes tienen un familiar desaparecido, señaló que el acompañamiento debe partir de escuchar su historia y reconocer su dolor, sin responsabilizarlos por los hechos que sufrieron sus seres queridos.

Nava Ortega señaló que algunas familias también enfrentan la dificultad de orar por la conversión de las personas responsables de la desaparición o de otros delitos cometidos contra sus seres queridos.

Consideró que esta petición representa un proceso complejo para quienes viven el dolor de no saber qué ocurrió con un familiar.

Desde su perspectiva religiosa, sostuvo que la Iglesia también tiene la responsabilidad de promover la conversión y recuperar el sentido humano de quienes ejercen violencia contra otras personas.

Durante la entrevista, el sacerdote relacionó algunas prácticas delictivas con el culto a la muerte, la brujería y otras expresiones religiosas o esotéricas.

Estas afirmaciones corresponden a su interpretación desde la fe católica y no constituyen, por sí mismas, una explicación comprobada de las causas de la delincuencia o de las desapariciones.

El sacerdote consideró que parte de la labor de los sacerdotes consiste en orientar a quienes se acercan a estas prácticas y ofrecerles formación religiosa, además de acompañamiento.

Con información de Karen Aicitel

 

KNM