Vive la Navidad, no la aparentes

 

Hoy me he decidido a confesarles que soy completamente Grinch de la famosa Navidad; yo no creo en esta fecha, aún siendo católica y más de alguno se escandalizará por leer lo que acabo de escribir al respecto.

Sin embargo, puedo confesar que detesto la Navidad, porque hay que estar donde no quieres, con quien te cae mal y le pones buena cara, a una hora que alguien impuso por tradición, comer lo que quizá no te gusta, beber con medida por el sistema de alcoholímetro, gastar en el regalo del intercambio para alguien que ni siquiera bien conoces.

Y podría seguir con un sinfín de acciones incongruentes que las personas tienden a hacer en este día justificando su falta de madurez emocional porque es Navidad.

No se digan las acciones esotéricas donde te indican de qué manera colocar los cubiertos, las copas y las sillas para tener prosperidad, abundancia y riquezas. ¡Vaya manera de celebrar la Navidad!

Navidad, en su definición es una fiesta de las más importantes del cristianismo donde se dice de forma coloquial: “Festejamos el nacimiento de Jesucristo”.

Otras opiniones nos dicen que es tiempo de alegría, convivencia, fraternidad y hasta las personas ateas se prestan a este tipo de festejos banales realizando abrazos, brindis, posadas sin significado con el pretexto de la Navidad.

Es triste observar que este gran acontecimiento del cristianismo se ha convertido en obligaciones diseñadas y estructuradas para el consumismo, desborde económico, pero sobre todo se ha convertido en total hipocresía.

Por tanto, en esa navidad yo no creo. En estas fechas se tiende a dar de más, creyendo que eso es generosidad navideña y no es así, la realidad es que hay muchos niños Jesús esperando que les abraces, los comprendas, les dediques tiempo y esos son tus hijos.

Hay una esposa o esposo que desea sentirse amado o amada a través de un beso y un abrazo. Hay una persona que quizás espera con ansia que repares el daño de una ofensa; eso es Navidad.

La Navidad es la expresión del amor de Dios hacia cada persona y en cada una está la libertad de asumirlo o no.

Que en esta Navidad Dios nos regale el despertar de la conciencia.

¡Feliz Navidad!