Fotografía: Especial

 

En Hidalgo hay municipios que atrapan con su magia como lo es Acaxochitlán, recién nombrado Pueblo Mágico, que cuenta con lugares listos para la aventura de visitantes y turistas que son cautivados con sus espectaculares postales.

En este destino se pueden realizar diferentes actividades de turismo de aventura, salud, religioso y gastronomía, para un viaje inolvidable en solitario o en compañía.

Es así como se recomienda la visita a la parroquia de la Asunción de María, un templo dedicado a la Virgen María en su advocación de la Asunción, y que fue construido en varias etapas desde el siglo XVI a la fecha.

Este conjunto arquitectónico está integrado por nave principal, nave colateral, sacristía, casa parroquial, atrio y huerta.

La nave principal es rectangular con presbiterio levantado sobre un basamento, diferenciado mediante arco toral y espacio más estrecho que la nave; es muy probable que haya sido la primera construcción religiosa del lugar, siguiendo la tipología de capilla abierta.

Caminando por el cuadro principal se puede apreciar el reloj público enmarcado por una torre estilo art decó, y cuya maquinaria fue adquirida en 1928 en la joyería “La Esmeralda” de la Ciudad de México, un lugar que antiguamente distribuía relojes procedentes de Alemania y Suiza.

En su fachada predomina la cantera blanca y rosa, así como una torre que se caracteriza por su simetría, verticalidad, masividad y austeridad en el decorado.

Además se puede visitar la fábrica de vinos “La herencia del abuelo”, fundada a principios del siglo XX, donde se elaboran productos de manzana (refresco y vinagre), así como vinos de frutas de la región; el más popular es el acáchul, elaborado a partir de una fruta silvestre del mismo nombre.

Esta bebida puede encontrarse en 17 sabores diferentes, tales como: zarzamora, manzana, membrillo, anís, ciruelo, hierbas, capulín, blueberry, maracuyá, piña, piña colada, naranja, café, durazno, higo, arándano y acáchul; aunque también se producen conservas y mermeladas.

De igual forma, la fábrica de vinos “Cuauhtémoc”, fundada a finales del siglo XIX, se especializa en la elaboración de productos de manzana como sidra (rosada, dulce, ámbar, champagne), refresco, vinagre y destilado tipo calvados, todos de excelente calidad.

Algo muy tradicional en esta zona es disfrutar de un pan artesanal en la panadería “Cuelguería Juan Panes”, un establecimiento que comenzó a funcionar en 1935 y que se encuentra a dos cuadras de la plaza principal.

Para la hora de la comida se puede visitar la  cocina tradicional “Doña Lucre”, cuya propietaria es originaria de la comunidad de Santa Ana Tzacuala, en Acaxochitlán, y que ha participado en diferentes concursos culturales dentro y fuera del país, lo que la ha posicionado como una de las mejores artesanas de la región gracias a su carisma y cariño.

Entre las artesanías que producen el tradicional quechquémitl, blusas, rebozos, fajas, morrales, camisas, cotones, las que elabora en telar de cintura, con diferentes bordados; además comparte sus deliciosos platillos que ofrece en la cocina de humo que ha abierto al público para vivir una gran experiencia.

De igual forma, visitantes y turistas se pueden aventurar en la presa El Tejocotal, que con una extensión de 6.2 km cuadrados permite disfrutar de un día en la naturaleza, paseando a caballo, en lancha, cuatrimoto o en los juegos mecánicos.

Mientras que para comer y descansar se puede visitar el Área del Vado, donde se podrán degustar exquisitos platillos, o bien adquirir una artesanía de madera o un vino de la región.

Asimismo, en la cascada de Chimalapa, un espacio boscoso, se pueden apreciar dos caídas de agua, una de ellas con más de 10 metros de altura, y que según los relatos es el hogar de “La Atlanchane” y del amo Cualli Tlakatl (hombre no bueno).

Este también es un espacio ideal para el senderismo rodeado de una exuberante vegetación, mientras que sábados y domingos decenas de artesanos llegan a este espacio a comercializar sus textiles y bordados.

 

FMS