Fotografía: Especial
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y protagonista de distintos momentos de la transformación política de México, falleció este miércoles a los 92 años.
Entre los cargos que desempeñó destaca el de jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, al convertirse en 1997 en el primero en llegar a esa responsabilidad mediante una elección por voto popular.
Su historia política estuvo ligada tanto al sistema que gobernó el país durante décadas como a la oposición que impulsó cambios en la competencia electoral.
Aunque inició su carrera dentro del Partido Revolucionario Institucional (PRI), terminó por separarse de sus filas para encabezar un movimiento que buscaba modificar las reglas de participación política y abrir espacios a otras corrientes ideológicas.
Ingeniero civil egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Cárdenas nació el 1 de mayo de 1934 en la capital del país.
Fue hijo de Lázaro Cárdenas del Río, presidente de México entre 1934 y 1940, cuyo gobierno quedó asociado con medidas como la expropiación petrolera y el reparto agrario.
Durante su etapa en el PRI, ocupó una curul en el Senado en representación de Michoacán, de 1976 a 1982, y posteriormente gobernó esa entidad entre 1980 y 1986.
Sin embargo, las diferencias con la dirigencia priista comenzaron a marcar su futuro político, especialmente cuando, junto con Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y otros integrantes del partido, promovió la Corriente Democrática.
La disputa interna giraba en torno a la necesidad de democratizar la vida partidista y modificar los procedimientos para elegir candidaturas.
La falta de acuerdos desembocó en la salida de Cárdenas y sus simpatizantes, quienes encontraron en la oposición una vía para continuar su proyecto político.
En 1988, su candidatura presidencial por el Frente Democrático Nacional congregó a diversas organizaciones y sectores inconformes con el partido gobernante.
La contienda se convirtió en un punto de referencia para la izquierda y antecedió la creación, en 1989, del PRD, agrupación que buscó articular a distintas fuerzas opositoras en una estructura política nacional.
Desde entonces, Cárdenas se mantuvo como uno de los rostros más reconocidos de ese partido, en un periodo marcado por conflictos políticos y por la exigencia de garantías para el respeto al sufragio. Su participación también contribuyó a que la izquierda tuviera una presencia organizada dentro de las instituciones electorales y de gobierno.
El siguiente hito llegó en 1997, cuando contendió por la jefatura de Gobierno del Distrito Federal y obtuvo el triunfo en la primera elección popular para ese cargo.
Su llegada al gobierno capitalino puso fin al esquema en el que el titular era designado y abrió una nueva etapa en la representación política de los habitantes de la ciudad.
A la contienda presidencial de 1988 le siguieron las de 1994 y 2000. Aunque no alcanzó la Presidencia, sus tres participaciones formaron parte de un periodo de cambios en el sistema político mexicano, que en el año 2000 experimentó la alternancia en el Ejecutivo federal.
Con los años, Cárdenas tomó distancia de la dirigencia perredista, debido a diferencias sobre la orientación y las estrategias del partido que ayudó a fundar. No obstante, siguió interviniendo en asuntos públicos y mantuvo una presencia propia dentro de la discusión política nacional.
Sheinbaum reacciona a la noticia
A través de su cuenta de X, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, reconoció su trayectoria y lamentó el fallecimiento de Cárdenas. Aseveró además que en 1988 debió haber sido reconocido como jefe del Ejecutivo federal.
“Con profundo pesar lamentamos el fallecimiento del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, un hombre de principios firmes, que transformó la vida política de nuestro país. Su papel en la historia contemporánea de México es fundamental. En 1988 abanderó un movimiento democrático pacífico que canalizó el anhelo de cambio de millones de mexicanas y mexicanos.
Aquella histórica jornada electoral, en la que debió haber sido reconocido como presidente, marcó el inicio de la transformación democrática”.
Resaltó que fue “siempre fiel a la defensa de la soberanía nacional y las causas sociales. Su dignidad y convicción republicana quedan como un referente imprescindible para nuestra nación”.
KNM