Fotografía: Especial

 

Agua Blanca de Iturbide tiene paisajes, historias y condiciones para convertirse en un punto de interés para la industria cinematográfica. Esa es una de las apuestas de Gustavo Ambrosio-Bonilla, cineasta originario de Pachuca, quien llevó a este municipio, también su lugar de residencia, su más reciente cortometraje, “Un camino que no recuerdo”.

Se trata de una producción independiente que busca abrir nuevas posibilidades para el cine en la región Otomí-Tepehua.

El proyecto fue filmado en marzo de 2025, con jornadas de trabajo en el lago de Agualinda, El Fortín, el cerro del Brujo y la cascada del Yugo. Aunque también hubo una sesión de filmación en la Ciudad de México, la mayor parte de la producción se desarrolló en territorio hidalguense, con apoyo del gobierno municipal y del ejido de San Pedrito.

Para Ambrosio-Bonilla, realizar una película en su localidad representó tanto una aspiración personal como una oportunidad para demostrar que las comunidades fuera de los principales corredores turísticos también pueden ofrecer escenarios atractivos para el desarrollo audiovisual.

“Mi idea, además de que siempre soñé con filmar en mi pueblo, es que la Comisión de Filmaciones de Hidalgo nos voltee a ver, tenemos mucho potencial como locación, tenemos paisajes, infraestructura para acoger producciones independientes o largometrajes”, señaló.

La intención, explicó, es que la región tenga mayor reconocimiento y que las instituciones encargadas de promover las filmaciones consideren sus posibilidades, tal como ha ocurrido en otros municipios hidalguenses.

“Así como hizo Acaxochitlán, queremos que vean que la Otomí-Tepehua tiene mucho potencial, y no solo el corredor de la Montaña”, añadió.

Lejos de plantear una historia de terror convencional, Un camino que no recuerdo utiliza elementos sobrenaturales para abordar temas como el perdón, la redención, la muerte y el paso del tiempo.

La trama presenta a un joven que vuelve a su pueblo después de la muerte de su madre y a una mujer misteriosa que busca regresar a su casa en la ciudad. Aunque sus circunstancias son distintas, ambos personajes comparten una sensación de desorientación y terminan ayudándose mientras intentan encontrar nuevamente su camino.

“Es una historia sobre perdón, redención, la muerte y la exploración sobre el paso del tiempo y la existencia. Es una historia con fantasmas, pero no es de horror necesariamente”, explicó el director.

La construcción visual de la película estuvo pensada para aprovechar uno de los elementos más característicos de Agua Blanca: la neblina. Sin embargo, el clima no favoreció los planes del equipo durante el rodaje.

El realizador recordó que la historia se escribió y planeó considerando la presencia de nubes y niebla en los escenarios naturales, pero una ola de calor durante las fechas de filmación impidió conseguir la atmósfera prevista.

“Lo más complicado fue que el corto se scauteó y se escribió para que hubiera niebla”, relató.

Ante la falta de las condiciones climáticas esperadas, el equipo recurrió a una máquina de humo y ajustó sus planes de grabación. Posteriormente, la corrección de color realizada por Miguel Escudero contribuyó a recuperar parte de la estética que buscaban.

También enfrentaron dificultades logísticas, como el ruido de una pipa que acudió a cargar agua al lago mientras el equipo intentaba aprovechar las últimas horas de luz natural.

Para el cineasta, resolver estas situaciones forma parte de los desafíos de trabajar con recursos limitados y en locaciones naturales.

La producción tuvo un costo aproximado de 180 mil pesos, incluidos los gastos de rodaje y posproducción. Para reunir esa cantidad, el director y su equipo tuvieron que combinar aportaciones personales con apoyos de distintas procedencias.

El trabajo se realizó junto con Alejandro, coproductor del proyecto, y Aarón, responsable de fotografía. Entre los tres gestionaron recursos económicos, personal técnico, apoyos y materiales necesarios para sacar adelante el cortometraje.

“Una parte la puse yo, otra fueron patrocinios, donaciones en especie, apoyos del municipio y hasta una rifa hice”, contó.

A pesar de las complicaciones financieras, el respaldo de los habitantes de Agua Blanca fue fundamental para concretar la filmación.

“Sobre todo la gente del pueblo, me apoyó muchísimo”, reconoció.

El proceso, indicó, ha sido prolongado y costoso, pero considera que el esfuerzo vale la pena por las posibilidades de continuar desarrollando proyectos cinematográficos en el municipio.

La experiencia también llevó al director a plantear una reflexión sobre las condiciones que enfrentan quienes buscan hacer cine en la entidad. Aunque reconoció los apoyos recibidos para esta producción, consideró que Hidalgo necesita mecanismos específicos para impulsar la realización de películas.

“No existe un apoyo real a producción de cine en Hidalgo, y eso que somos un estado con locaciones y cuna de uno de los máximos exponentes del guionismo mexicano, como Ricardo Garibay”, expresó.

Desde su perspectiva, sería importante establecer convocatorias que permitan financiar proyectos audiovisuales y fortalecer la preparación de quienes desean incorporarse a esta industria.

“Ojalá hubiera una convocatoria para fomentar el aprendizaje y la producción de cortos o largos como sí sucede en otros estados”, agregó.

Mientras busca abrir camino para nuevas producciones, Ambrosio-Bonilla mantiene el interés de regresar a Agua Blanca para filmar otras historias. Incluso contempla desarrollar un universo de ficción inspirado en el pasado y las narraciones del municipio, al que anteriormente se conocía como La Trementina.

“Tengo ganas de construir un universo ficcionado de Agua Blanca: La Trementina. Así se llamaba antes y hay muchas historias por contar”, adelantó.

El estreno de Un camino que no recuerdo podría realizarse el próximo fin de semana en Agua Blanca, aunque la fecha todavía está pendiente de confirmación.

Gustavo Ambrosio-Bonilla nació en Pachuca en 1992 y se formó como cineasta en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Además de su trabajo como director y guionista, cuenta con experiencia en periodismo y actualmente es editor sénior de La Jornada Online.

Su trayectoria incluye proyectos de ficción y documental con una mirada autoral y política. Es autor de Mi tierra de silencios, obra nominada a las Diosas de Plata en 2025, y de La cuarta puerta, que obtuvo el Premio del Público en el Festival Internacional de Cine de Morelia y fue exhibida en GIFF Cannes.

También ha escrito y dirigido los cortometrajes Ignición y ¡Están curados!. En 2024 fue nominado a Mejor Guion Inédito en el Festival de Cine de La Habana y obtuvo el Premio Bengala-UANL al Mejor Argumento de Cine, además del reconocimiento a Mejor Guion de Largometraje en el Festival de Cine de Mérida.

Actualmente, participa como guionista en la segunda temporada de Los años heridos, producción de Canal Once.