La representación proporcional, una fórmula histórica y de equilibrio político

 

“Se entiende por fórmula electoral el procedimiento de cálculo que convierte las preferencias expresadas por los electores, en una distribución de escaños entre los diversos candidatos o candidaturas que se presentan en un distrito determinado”.

(Vallés y Bosch, 1997:83)

 

Hay en el ambiente político, no necesariamente el más acabado académicamente ni sustentado razonablemente, la idea de reducir e inclusive en posturas extremas, desaparecer a los cargos de elección popular (diputados) que se eligen mediante la fórmula de representación proporcional.

El argumento de austeridad siempre será atractivo en un país con grandes carencias como el nuestro, sin embargo, una decisión tan trascendente requiere más ideas analíticas que monedas.

Desde la Visión Constitucional, debe decirse que en las asambleas deliberativas como les llamó Aristóteles, cuando se refirió al legislativo, la fórmula tradición de elección es la mayoría relativa, esta implica que en una elección quien gana, gana todo y quien pierde de igual forma pierde todo.

Así, si en un espacio electoral compitieran tres candidatos: A, B y C; obteniendo una votación el primero de ocho, el segundo de siete y el tercero de seis, el gran ganador sería A con ocho votos; no obstante, ello tendría una votación “en contra” o cuando menos no a su favor de 13, lo que demuestra que en sistemas de mayoría aparecen las dictaduras de las minorías, como lo señalan diversos autores de la ciencias política y el derecho electoral.

Por ello, aparecieron en el mundo sistemas proporcionales que pretenden en mayor o menor medida equilibrar la voluntad manifestada en las urnas por los ciudadanos.

En el caso mexicano, la fórmula electoral que prevaleció fue la mayoría relativa y no es sino hasta los años sesenta que en la cámara de diputados federal se contemplaron los diputados de partido, esquema que no obedece propiamente a una fórmula electoral, sino a partidos que al no alcanzar el voto mayoritario que, por el principio de mayoría relativa no alcanzaban una curul, pero tenían una representación ante la ciudadanía.

La reforma de 1963 precisó que todo partido político nacional, al obtener el 2.5 por ciento de la votación total en el país, tendría derecho a cinco diputados y uno más hasta veinte como máximo, por cada 0.5 por ciento de la votación adicional.

La reforma tuvo sus frutos pues los partidos PAN, PPS y PARM, que desde 1955 solo habían obtenido 20 diputados en conjunto, entre los años 1964 y 1973, cien curules.

En 1972 se amplió el sistema de diputados de partido, disminuyendo el porcentaje necesario para acceder a esta representación, siendo ahora de 1.5 por ciento de la votación total del país y ampliándose hasta 25 el número máximo de diputados que se podían obtener.

La reforma política de 1977 estableció una verdadera fórmula electoral al reconformar la integración de la Cámara de Diputados federal que aumentó el número de sus integrantes a 100 más.

Por lo tanto, la asamblea que representa al pueblo se integró bajo dos principios electorales bien definidos: el principio mayoritario en donde se elegían 300 diputados y los otros 100 por el principio de representación proporcional; en este cambio los partidos se les dio el carácter de entidades de interés público.

Para 1987 aparece un nuevo cambio que dio una nueva reestructura a la Cámara de Diputados y se incrementan el número de diputados a elegirse proporcionalmente pasando de 100 a 200.

Fórmula que prevalece hasta la actualidad con diversas modificaciones para impedir la sobrerrepresentación y la subrepresentación de los institutos políticos.

Eliminar la representación proporcional a estas alturas sería un acto de desprecio hacia la democracia y la voluntad de quien emite su sufragio.

 

Visionare. Las fórmulas electorales tienen como finalidad traducir (lo mejor posible) la voluntad popular en representación política.

 

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